Estar con Sara

Estar con Sara supuso la única razón por la que hoy, puedo estar aquí para agradecérselo.

Al principio me entrenaba en casa para limitarme a oír y evitar cualquier tipo de situación que me llevara a replantearme todos los ‘por qué’; superar la negación en aquel momento, era crítico para todos los monstruos que escondía debajo de la cama.
Pero un día su voz se coló hasta el fondo, y a partir de ahí empecé a valorar todos los autores y estudios que citaba, las conexiones entre ideas súper distantes que hacía, las anécdotas que contaba … y la forma en la que hacía que me cuestionara todo.
Podía entrar a la sala cargando días horribles a la espalda, pero salía siempre ligera y con ganas. Me imagino que es la sensación que produce sentirte entendida y no compadecida. 

Allí dentro, aprendí a ser todo lo que hoy cuido con mucho cariño; a pedir perdón y a perdonarme a mi misma, como primera premisa para permitirme sentir sin miedo.
Formé mis ideas y empecé a defenderlas, encontrando por el camino mis pasiones y todas las personas que había alejado.
Me reconstruyó desde las ruinas, hasta hacerme fortaleza.

Empecé sin ganas de entrar, y me fui sin ganas de salir.
Gracias por devolverle la magia a todo, Sara.